Creando comunidad y promoviendo la lectura con una “Little Free Library”: Entrevista con Samantha Baker

¿Alguna vez ha caminado por su comunidad y se ha topado con una pequeña caja de madera con varios libros en su interior? Se llaman “Little Free Libraries” (Pequeñas Bibliotecas Gratuitas) y son cajas de intercambio de libros instaladas de forma voluntaria por miembros de la comunidad para inspirar a los lectores locales y ampliar el acceso a los libros.

Para conocer más, FIS conversó con Samantha Baker, quien recientemente instaló su propia “Little Free Library” cerca de su casa en el centro de Los Ángeles.

¿Qué le inspiró a instalar una “Little Free Library”?

Surgió al darme cuenta de la falta de conexión tanto en mi vecindad y en general. La gente vive muy cerca, pero no hay muchos espacios compartidos donde la interacción pueda surgir de forma natural. Los libros me parecen una de las herramientas creativas más accesibles que tenemos. La “Little Free Library” me pareció una forma pequeña pero tangible de inspirar la curiosidad, la creatividad y la conexión a la vida cotidiana.

¿De dónde sacó los libros y cómo la construyó?

Llevaba meses recopilando libros donados por amigos y familiares, así que tenía una reserva de libros a mano para compartir. Financié personalmente la construcción de esta “Little Free Library”, ya que llevaba al menos cinco años queriendo hacerlo. Por fin vivo en un lugar donde cabía una, así que me puse en contacto con mi casero y le pregunté si podía revitalizar el espacio entre mi casa y la acera. Cuando le expliqué lo significativo que podría ser para la vecindad, se mostró receptivo a la idea, así que decidí hacerlo realidad hace unos meses. Compré la caja, la decoré y contraté a una persona local para que la instalara, a quien le encantó la idea de colaborar en este proyecto.

¿Tuvo alguna duda o dificultad a la hora de crear esta “Little Free Library”?

Al principio dudé sobre si se utilizaría o si, como inquilina, estaba preparada para mantenerla a largo plazo, pero la vida me ha enseñado que las cosas no tienen por qué ser perfectas para tener un impacto. Una vez que dejé de lado esa idea, fue mucho más fácil seguir adelante. La biblioteca podría evolucionar, al igual que cualquier otro proyecto creativo o instalación artística.

¿Qué ha observado desde que instaló la biblioteca?

Lo que más he notado es cómo hace que la gente se detenga. Los niños se entretienen, los adultos se detienen y empiezan conversaciones que antes no se daban. Ha sido muy reconfortante verlo. Da la sensación de que la biblioteca da permiso a la gente para interactuar, ya sea eligiendo un libro, dejando uno o compartiendo un momento. Es sutil, pero ha cambiado la energía del espacio, pasando de ser un lugar por el que la gente simplemente pasa a ser un lugar al que pertenecen momentáneamente. Ha sido increíblemente gratificante.

¿Cómo cree que influye en las comunidades el acceso a libros y espacios como este?

Para mí, la creatividad siempre ha sido una forma de entender el mundo, y los libros ofrecen a los niños ese mismo punto de partida. Invitan al juego imaginativo y permiten a los niños crear mundos internos y envolventes donde se valoran sus pensamientos e ideas. Ese tipo de acceso brinda a los niños un espacio seguro y empoderador al que escapar cuando el mundo se siente agobiante, al tiempo que refuerza la idea de que su inteligencia e imaginación importan. Los libros representan una puerta que invita a la reflexión y a la empatía. Cuando el acceso a la literatura es libre e informal, se eliminan las barreras y la presión. Cuando los niños y las familias ven que la creatividad y el aprendizaje se valoran en su vecindad, se refuerza la idea de que forman parte de algo compartido y de que son importantes dentro de ello.

¿Qué le diría a alguien que esté pensando en instalar una?

Le diría que pensara tanto en las relaciones como en la logística. Que se tomara su tiempo para comprender el espacio y a las personas que ya lo habitan. No es necesario tenerlo todo planeado: puede empezar poco a poco. Piense en ello no tanto como en instalar un objeto, sino más bien como en iniciar una conversación. Si su intención es ofrecer creatividad y conexión, la comunidad responderá. Esta biblioteca representa mi compromiso con mi comunidad y mis vecinos. Mi esperanza es fomentar una imaginación accesible, y dentro de un año, espero que mi “Little Free Library” siga formando parte de la magia cotidiana de mi vecindad.

Usted es un ejemplo de cómo una sola persona puede influir en la crisis de lectura de Los Ángeles. ¿Cómo pueden más residentes de Los Ángeles ayudar a crear un movimiento más amplio instalando también “Little Free Libraries”?

En una ciudad tan vasta como Los Ángeles, los esfuerzos a nivel de vecindad son importantes. Una pequeña caja de madera llena de libros no resolverá las desigualdades sistémicas, pero, multiplicada por todas las comunidades, puede cambiar el acceso diario de un niño a la imaginación y la lectura, lo cual es muy poderoso. La comunidad no se construye a través de la propiedad; se construye a través de la participación.